Un diccionario del uso de las palabras según Winnicott[i]

Por Jan Abram

Traducción a cargo de Luciana Tonelli Rodulfo

Capitulo 3 – Tendencia Antisocial

La tendencia antisocial es un término inextricablemente ligado con la privación. El acto antisocial (robar, mojar la cama, etc.) es un acto que significa un fallo del entorno en el momento de relativa dependencia.

En la tesis de Winnicott, la tendencia antisocial indica que el niño hubo experimentado un entorno lo suficientemente bueno durante el tiempo de absoluta dependencia, que luego se perdió. Por tanto, el acto antisocial es un signo de esperanza de que el individuo vaya a re descubrir la buena experiencia de ese momento, antes de que ocurriera la perdida.

La tendencia antisocial no es un diagnóstico y aplica a ambos, niños y adultos.

Winnicott hace una distinción entre la tendencia antisocial y la delincuencia, aunque ambos tienen la misma raíz: la privación.

 

  1. La experiencia de evacuación

El descubrimiento de Winnicott de que la tendencia antisocial era un signo de esperanza evolucionó desde su trabajo durante la Segunda Guerra Mundial, cuando se convirtió en Psiquiatra Consulto para el Esquema de Evacuación en una zona de recepción en las afueras de Londres. El impacto que sufrió Winnicott ante esta experiencia dio lugar a muchas conversaciones y programas durante la guerra y post guerra, en donde se exploraron los temas vinculados con separación y privación de la vida de casa. Algunas de estas conversaciones fueron publicadas póstumamente junto con otros artículos escritos tiempo después de la guerra y pueden ser encontrados en la colección titulada Privación y delincuencia. (1984a).

 

En la introducción de esta colección de artículos, Clare Winnicott, quien fue la primera en conocer y trabajar con Winnicott en este período, describe algo del proceso de descubrimiento mientras él trabajaba con niños y adolescentes que habían sufrido privación.

 

Aunque las circunstancias en las que Winnicott se encontró eran anormales dado a que se estaba en tiempos de guerra, el conocimiento ganado con dicha experiencia tiene aplicación general: niños que han sufrido privación y se convierten en delincuentes, tienen problemas básicos que se manifiestan de forma predecible, cualquiera sean las circunstancias. Además, los niños que habían pasado a ser responsabilidad de Winnicott eran aquellos que necesitaban provisión especial porque no podían asentarse en casas normales o regulares. En otras palabras, ya se encontraban en problemas viviendo en sus propias casas…

 

La experiencia de privación tuvo un efecto profundo en Winnicott: lo llevó a conocer de forma intensa la confusión traída por la ruptura generalizada de la vida familiar, y el efecto de separación y pérdida, de destrucción y muerte. Ante el comportamiento bizarro y delincuente que se sucedía, el autor manejó y abarcó gradualmente la temática junto a un grupo de trabajo local. Los niños con los que él se encontraba habían alcanzado “el fin del camino”, es decir, no había ningún otro lugar para que ellos fueran y, por lo tanto, contenerlos se convirtió en la preocupación de todos aquellos que trataban de ayudarlos.

 

No hay duda de que trabajar con niños que habían sufrido privación le dio a Winnicott una nueva dimensión y una nueva manera de pensar su práctica, afectando sus conceptos básicos en relación al crecimiento emocional y desarrollo. Bien temprano en su trabajo comenzaron a tomar forma y a ser expresadas sus teorías sobre los motivos detrás de la tendencia antisocial.

 

[Clare Winnicott, 1984, pp.1-3]

 

Clare Winnicott describe cómo su colaboración mutua fue grabada y subsecuentemente utilizada como información vital que contribuyó a la promulgación de la ley de Niños en 1948.

La tendencia antisocial como concepto es relevante no solo para evacuados durante la guerra, sino para la sociedad y para todos los individuos que no hubieron experimentado un entorno contenedor en etapas cruciales de su desarrollo emocional.

Aunque estos escritos son de interés histórico, no pertenecen a la historia, sino al siempre presente encuentro entre los elementos antisociales en la sociedad y las fuerzas de salud y sanidad, quienes proveen ayuda para reclamar y recuperar lo que ha sido perdido. La complejidad de este encuentro no puede ser sobre estimado. El punto de interacción entre el cuidador y el que recibe atención -dado que es siempre el foco de terapia en este área o trabajo-, requiere atención constante y apoyo de profesionales expertos involucrados, y el respaldo de los conductores responsables. Hoy, como siempre, la pregunta practica es cómo mantener un entorno que sea lo suficientemente humano y fuerte para contener a ambos, a los que cuidan y a los que son cuidados: los carenciados y delincuentes, quienes desesperadamente necesitan cuidado y contención, harán lo posible para destruirlo cuando encuentren esa contención y ese cuidado.

 

[Clare Winnicott, 1984, pp.5]

 

 

  1. Delincuencia y comportamiento antisocial normal

En 1946, justo un año tras el final de la guerra, Winnicott habló ante una audiencia de magistrados. Este artículo titulado “Algunos Aspectos Psicológicos de la Delincuencia juvenil”, atribuye el acto de delinquir a la carencia emocional temprana. Mediante la introducción del inconsciente de Freud, Winnicott espera transmitir a su audiencia que el comportamiento antisocial es el producto de una comunicación inconsciente.

Antes de explorar los aspectos de privación en la delincuencia, Winnicott ilustra la normalidad del acto antisocial en el desarrollo emocional, incluso en un buen hogar.

¿Cómo es el niño normal? ¿Es que él solo come y crece y sonríe dulcemente?  No, no es así. Un niño normal, si tiene confianza en sus padres, pone en juego todas las barreras. Con el curso del tiempo prueba su poder para molestar, para destruir, para asustar, para desgastar, desperdiciar, y para apropiarse. Cualquier cosa que lleve la gente a la corte (o a los asilos) tiene su normal equivalente en la infancia y en la niñez temprana, en la relación del niño con su propio hogar. Si el hogar puede soportar todo lo que el niño hace para irrumpirlo, se pone a jugar. Al principio, el niño debe ser consciente de la existencia de un marco de referencia para poder sentirse libre, y para poder jugar y dibujar sus propios dibujos, y ser un niño irresponsable.

[“Algunos aspectos psicológicos”, 1946, P. 115]

 

Winnicott explica por qué el niño necesita ser así y se refiere a la cualidad esencial de un medio fuerte y cariñoso. La respuesta de los padres a la agresión primaria del niño es un componente vital de su teoría (ver AGRESION: 3, 4, 6).

¿Por qué esto debe ser así? El hecho es que las etapas tempranas del crecimiento emocional están llenas de potencial conflicto y de ruptura. La relación con la realidad exterior no está aun firmemente enraizada, la personalidad no está aun completamente integrada, el amor primitivo tiene un blanco destructivo, y el niño pequeño aún no tiene la capacidad de tolerar y lidiar con los instintos. Con el tiempo podrá llegar a manejar estas cosas, si su medio es estable y personal. Pero primero necesita vivir en un círculo de amor y fuerza (con la consecuente tolerancia) para no sentir miedo de sus propios pensamientos y de su imaginación y progresar en su desarrollo emocional.

 

[“Algunos aspectos psicológicos”, 1946, P. 115]

 

Esta es la foto de un niño que tuvo un buen comienzo, un ambiente facilitador. La tolerancia de los padres hacia la agresión del niño es clave para la habilidad que éste tenga para crecer. Ello conducirá al individuo a desarrollar el sentido de libertad. El niño al que no se le han puesto límites no se sentirá libre: por el contrario, se sentirá ansioso.

Ahora ¿qué pasa si el hogar le falla al niño antes de que el mismo tenga un marco de referencia como parte de su propia naturaleza? La idea popular es que, el encontrarse a sí mismo como libre, podrá disfrutar de sí mismo, lo cual está lejos de ser verdad. Al encontrar roto el marco de su vida, el niño deja de sentirse libre. Se pone ansioso, y, si tiene esperanza, sigue buscando un marco de referencia fuera de la casa. El niño al cual su hogar falla en proporcionarle seguridad, busca fuera de su casa aquellas cuatro paredes; aún tiene esperanza, y lo busca en abuelos, tíos y tías, amigos de la familia, la escuela. Busca una estabilidad externa sin la cual podría enloquecer…

El niño antisocial está simplemente mirando un poco más allá, mirando a la sociedad en lugar de a su propia familia o escuela, para proporcionarse la estabilidad que necesita, para atravesar las etapas tempranas y bastante esenciales de su crecimiento emocional.

 

[“Algunos aspectos psicológicos”, 1946, P. 115-116]

 

Si la comunicación inconsciente del acto antisocial no es comprendida por el medio, entonces el comportamiento antisocial del niño corre peligro de convertirse en delincuencia. Winnicott diferencia entre delincuencia y tendencia antisocial. Para el delincuente, puede que ya sea demasiado tarde para un tratamiento.

Al tiempo que el niño o niña se hubo endurecido por la falla en la comunicación, el acto antisocial no está siendo reconocido como algo que contiene un pedido de ayuda (S.O.S), y cuando las ganancias secundarias han cobrado importancia y se hubo adquirido gran habilidad en alguna actividad antisocial, es entonces mucho más difícil ver -sin embargo, sigue estando allí- ese pedido de ayuda, que es una señal de esperanza en el niño o niña antisocial.

 

[“Delincuencia como señal de esperanza”, 1967, p.90]

 

El individuo probable de convertirse en delincuente ha perdido el contacto con el sentido de la privación original, y el modo de vida antisocial mantiene a raya el dolor psíquico. Sin embargo, como señala Winnicott, si la raíz del acto criminal es reconocida, la rehabilitación y el tratamiento pueden pensarse como opuesto al castigo, lo cual únicamente servirá para endurecer la defensa.

El punto es que el castigo y la fuerza llevan a la conformidad y al vivir como un Yo-Falso. En un artículo de 1962 − “Moral y educación” − Winnicott ilustra lo que quiere decir:

El profesor Niblett en su clase inaugural de esta serie se refiere a la directora de escuela Keate quien dice a un niño: “Vas a creer en el espíritu santo para las cinco en punto esta tarde o te golpearé hasta que lo hagas”. El profesor Niblett llevó a la idea de la futilidad de los valores de la enseñanza y religión a la fuerza. Estoy tratando de abrir este importante tema y examinar las alternativas. Mi punto principal es que existe una buena alternativa y que la misma no va a ser encontrada en una enseñanza más sutil de la religión. La buena alternativa tiene que ver con la provisión de esas condiciones para el niño, de modo de permitir cosas tales como la confianza, y el “creer en” y las ideas de lo bueno o lo malo, desarrolladas fuera del trabajo de los procesos internos del niño.

 

[“Moral y educación”, 1962, pp. 93-94]

 

En este mismo artículo de 1963 −originalmente presentado en la Universidad de Londres Instituto de Educación− Winnicott hace una breve referencia a la maldad como la manifestación de la tendencia antisocial.

La maldad corresponde al panorama clínico producido por la tendencia antisocial. En resumidas cuentas, la tendencia antisocial representa la esperanza en un niño que ha sufrido privación; una manifestación de la tendencia antisocial en un niño significa que él ha desarrollado esperanza, esperanza de que puede encontrarse un camino a través de la brecha. Esta brecha es un quiebre en la continuidad de la provisión de su entorno, experimentada a una edad de relativa dependencia. En cualquier caso, el niño ha experimentado un quiebre en la continuidad de la provisión experimental y un quiebre que ha resultado de su proceso de maduración y de un doloroso y confuso estado clínico. La maldad se va si se tiende un puente sobre la brecha. Esto es una sobre simplificación, pero debe ser suficiente. La maldad compulsiva es la última cosa a ser curada o incluso detenida por la educación moral. El niño sabe en sus huesos que es la esperanza la que está prisionera en el comportamiento maligno, y que la desesperación está ligada a la conformidad y falsa socialización. Para la persona maligna o antisocial el educador moral se encuentra en el lado equivocado.

 

[“Morales y educación”, pp.103-104]

 

La función paterna en relación con el medio de sostén es un factor importante cuando se trata con el elemento antisocial de todos los bebés y niños. El artículo “Algunos aspectos psicológicos de la delincuencia juvenil” fue escrito tempranamente en 1946, y no obstante puede verse que los problemas del medio indestructible relacionados con la autoridad del padre son parte de lo que en 1960 -y en 1968 en particular (el “Uso de un objeto y relacionarse mediante identificaciones”)- se convierte en la supervivencia del objeto y la necesidad del sujeto de que sobreviva el objeto para ganar salud mental (ver AGRESION: 10).

Cuando un niño roba azúcar, está buscando a su buena madre; él tiene derecho de tomar toda la dulzura que en ella existe, dado que él la ha inventado y también a su dulzura, fuera de su propia capacidad de amar, fuera de su propia creatividad primaria… Él también está buscando a su padre, quién protegerá a su madre de sus ataques, ataques hechos en el ejercicio del amor primitivo. Cuando un niño roba fuera de su casa, aún se encuentra buscando a su madre, pero busca con sentido de frustración, y necesita cada vez más de la autoridad paterna que puede e irá a poner límites a los efectos de su comportamiento impulsivo y de sus ideas cuando se encuentra en un estado de excitación. En la delincuencia desatada lo que encontramos es la necesidad del niño por un padre estricto, quien protegerá a la madre cuando la encuentren. Este padre estricto que evoca el niño puede también ser amoroso, pero primero debe ser estricto y fuerte. Solo cuando la figura de un padre estricto y fuerte está en evidencia es que el niño puede ganar nuevamente sus impulsos primitivos de amor, su sentido de la culpa, y su deseo de arreglar y enmendar. A menos que se meta en problemas, la delincuencia solo puede decrecer progresivamente, inhibida por el amor, y en consecuencia más y más deprimida e impersonal, y eventual y absolutamente incapaz de sentir la realidad de las cosas a excepción de la realidad de la violencia.

 

[“Algunos aspectos psicológicos”, pp.116-117]

 

Respecto de esto, el criminal endurecido puede necesitar este modo violento de vida como el único modo de sentirse real. El acto antisocial es esencialmente un signo de esperanza para el individuo que realiza el acto. Esperamos que los límites perdidos (la autoridad del padre) puedan ser re descubiertos.

El individuo busca aquél medio que le dira que “No”, no en forma punitiva sino en un modo que creara un sentido de seguridad. En la tesis de Winnicott del uso de un objeto, el objeto tiene que sobrevivir para que el niño desarrolle un real sentido del Yo.

La delincuencia indica la existencia de un remanente de esperanza. Veremos que no es necesariamente una enfermedad del niño cuando este se comporta de modo antisocial, siendo que el comportamiento antisocial por momentos no es más que un pedido de ayuda para ser controlado por alguien fuerte y seguro que lo quiera. La mayoría de los delincuentes están de algún modo enfermos, y la palabra enfermedad resulta apropiada por el hecho de que, en muchos casos, el sentido de seguridad no se encontró en la vida del niño para ser incorporado tempranamente en sus creencias. Mientras bajo fuerte conducción, un niño antisocial parecería estar bien, ni bien le damos libertad sentirá la amenaza de la locura. Entonces, volverá a cometer una ofensa a la sociedad -sin saber lo que está haciendo- para reestablecer el control desde fuera.

 

[“Algunos aspectos psicológicos”, pp.116-117]

 

La tesis de Winnicott de que el medio le falló al delincuente deberá ser tenida en cuenta en el tratamiento. Winnicott cree que cada niño tiene el derecho de un entorno lo suficientemente bueno. Por tanto, niños y adolescentes que nunca han tenido este derecho, necesitan ser compensados por esta pérdida mediante la terapia y, de ser necesario, conducción.

Estos niños pueden ser tratados con psicoterapia individual, o pueden ser provistos por un entorno estable con cuidado personal y amor y gradualmente incrementar sus dosis de libertad. De hecho, sin esto último, lo anterior no sería exitoso. Y con la provisión de un entorno −hogar sustituto adecuado-, la psicoterapia puede no ser necesaria, lo cual sería afortunado porque raramente se encuentra a su disposición.

La psicoterapia individual está dirigida habilitar al niño para que complete su desarrollo emocional. Esto significa muchas cosas, incluyendo el restablecimiento de la capacidad para sentir la realidad de cosas reales, tanto internas como externas, y el establecimiento de la integración de la personalidad individual.

 

[“Algunos aspectos psicológicos”, pp.118]

 

A lo largo de todo el trabajo de Winnicott, la naturaleza del entorno nunca deja de ser importante, tanto física como emocionalmente. Para el niño en desarrollo, particularmente al principio, es el entorno quien contribuye a la configuración de un patrón de expectativas internas. El niño o adolescente que muestra una tendencia antisocial hubo perdido el límite contenedor del entorno y está inconscientemente impulsado a encontrarlo.

La tendencia antisocial es caracterizada por un elemento en ella que obliga al entorno a ser importante. El paciente mediante impulsos inconscientes obliga a alguien a tener que dirigirlo. Es el trabajo del terapeuta el involucrarse en este impulso inconsciente del paciente; dirigirlo, tolerarlo y comprenderlo.

 

[“La tendencia antisocial” 1956, p.309]

 

Queda bien claro en los escritos tempranos de Winnicott que él siempre remarcó la importancia de la continuidad entorno o medio y la estabilidad como cimientos de la salud mental (ver ENTORNO: 1). En los artículos escritos luego de la Segunda Guerra Mundial, la continuación de una conducción se recomienda fuertemente para niños que requieran cuidado residencial, por carecer de familia o porque su hogar le hubo fallado.

Hay dos amplias categorías clínicas de niños en tiempos de paz: niños sin hogar o con padres incapaces de generar un entorno estable en el cual un niño pueda desarrollarse, y niños que sí tienen un hogar pero que, sin embargo, habitan con un padre con enfermedad mental. Estos niños aparecen en nuestras clínicas en tiempos de paz, y encontramos que necesitan justo aquello que los niños difíciles necesitan. El entorno de su hogar les hubo fallado. Debemos decir que lo que estos niños necesitan es la estabilidad de su entorno, conducción personal y continuidad de esta conducción. Asumiendo un estándar de cuidado personal.

 

[“Hospedajes para niños en tiempos de guerra y de paz”, 1948, p.74]

 

Winnicott subsecuentemente subraya que la continuidad en la conducción y la estabilidad del entorno dependen de la habilidad del personal de soportar la carga emocional que causa un niño en situación de angustia.

Para asegurar una correcta conducción, el personal del hospedaje debe ser el adecuado, y las celadoras o personas a cargo deben poder soportar la tensión emocional que corresponde al cuidado apropiado de cualquier niño, pero en especial en el cuidado de niños a los que su entorno les hubo fallado, y soportar este tipo de tensiones. Por este motivo las celadoras necesitan constante apoyo de trabajadores sociales y psiquiatras. Los niños (inconscientemente) miran al hostal para proveer el marco de referencia de sus vidas que no fue provisto por sus padres. Un grupo de trabajo inadecuado en estos hostales imposibilita su buena conducción, generando por el contrario mala salud y ruptura en el grupo de trabajo, consecuentemente interfiriendo con la continuidad de la relación personal, lo cual es esencial en este trabajo.

 

[“Hospedajes para niños en tiempos de guerra y de paz”, 1948, p.74]

 

El énfasis en la contribución psicológica hecha por el entorno a la salud física y psicológica del individuo caracteriza el trabajo de Winnicott. Por tanto, el sentido del “Yo” en el individuo depende de la presencia de un medio contenedor y facilitador −y la habilidad de acoger y sostener viene de la propia memoria inconsciente de aquel que proporciona cuidado (ver SOSTEN; ENTORNO; PREOCUPACION MATERNAL PRIMARIA).

 

 

  1. La necesidad de robar

El 20 de junio de 1956, Winnicott lee su artículo, “La tendencia antisocial”, a la Sociedad Británica de Psicoanálisis, el cual se convierte en su declaración definitiva sobre el tema de privación en tiempos de relativa dependencia, incluyendo allí recomendaciones de tratamiento.

Desde el comienzo de este artículo, Winnicott se propone ilustrar cómo la tendencia antisocial puede ser discernida en la actuación extrema del individuo, así como en el individuo que desde todo punto de vista parece tener un buen hogar, pero tiene la necesidad de robar por haber tenido experiencias de privación. En la ilustración del primer caso, su paciente adolescente es eventualmente enviado a una escuela aprobada para recibirlo ya que no puede ser contenido de forma suficiente con psicoterapia; en el segundo caso, Winnicott ayuda a una amiga mediante una sugerencia que le hace en horas de su almuerzo, una simple interpretación que puede hacerle a su hijo, quien está pasando por una fase de robar. Esto no solo ayuda al niño en cuestión sino también a la madre, la amiga de Winnicott.

Al considerar este caso debe recordarse que he conocido muy bien a la madre durante su adolescencia y dentro de un cierto límite la he visto a ella misma atravesar una fase antisocial. Era la mayor de una familia numerosa. Su hogar era bueno, pero con una estricta disciplina instaurada por el padre, especialmente en el tiempo que ella era una pequeña niña. Lo que hice entonces tuvo el efecto de una doble terapia, permitiendo a esta mujer joven ahondar en sus propias dificultades a través de la ayuda que ella podía proporcionarle a su hijo. Cuando podemos ayudar a los padres a ayudar a sus hijos, de hecho, estamos ayudando a estos padres respecto a sí mismos.

 

[“Tendencia antisocial”, 1956, p.308]

 

Winnicott subraya que es relativamente directo el ayudar a ambos, padres e hijos, durante las primeras etapas de la tendencia antisocial, si la intervención terapéutica toma en cuenta la comunicación inconsciente de la esperanza de encontrar aquello que se hubo perdido.

El niño que hubo sufrido privación y se comporta de un modo antisocial es de hecho más esperanzado que aquel niño que no puede portarse mal. Para este último, ya no hay esperanza, y el niño se siente derrotado.

La tendencia antisocial implica esperanza. La falta de esperanza es la característica básica del niño que hubo sufrido privación quien, por supuesto, no pasa todo el tiempo siendo antisocial. En el período de esperanza el niño manifiesta la tendencia antisocial. Esto debe ser incómodo para la sociedad, así como para uno si es nuestra bicicleta la que es robada, pero aquellos que no están personalmente relacionados pueden ver la esperanza que subraya a la compulsión de robar. Tal vez, una de las razones por las cuales tendemos a dejar la terapia de los delincuentes para otros ¿será que nos disgusta que nos roben?

 

[“Tendencia antisocial”, 1956, p.309]

 

Porque el acto antisocial evoca tal odio y enojo en la mayoría de las personas, Winnicott subraya la importancia de comprender que se trata de una expresión de profunda necesidad, y por lo tanto los adultos deben poder apreciar su significancia.

La comprensión de que el acto antisocial es una expresión de esperanza es vital en el tratamiento de niños que muestran una tendencia antisocial. Una y otra vez vemos que el momento de esperanza es desperdiciado, o marchito debido a una mala conducción o intolerancia. Esta es otra forma de decir que el tratamiento de la tendencia antisocial no es psicoanálisis sino conducción, un encuentro y coincidencia con el momento de la esperanza.

 

[“Tendencia antisocial”, 1956, p.309]

 

Winnicott es muy consciente de lo intenso que puede ser el odio de la gente movilizado por el acto antisocial. En este sentido, los problemas de conducción de pacientes psicóticos se hacen paralelos al manejo o conducción de niños y adolescentes con comportamiento desafiante (ver ODIO: 2).

Winnicott distingue entre carencia y privación. La primera, implica que el niño nunca hubo tenido una experiencia positiva, mientras que la segunda, por otro lado, implica un individuo que tiene en algún lado un sentido de lo que es bueno −esto es, la consciencia inconsciente de haber sido amado.

Cuando hay una tendencia antisocial es que ha habido una real privación (no una simple carencia), en otras palabras, ha habido pérdida de algo que fue hasta cierto momento positivo para la experiencia del niño, esto hubo sido removido o quitado, y esa falta se hubo extendido por un período de tiempo más largo del cual el niño pueda conservar viva la memoria de lo que se perdió. La declaración completa de la privación, implica lo tardío y lo temprano, el traumatismo puntual y la condición traumática sostenida, y también lo cercano a lo normal y lo claramente anormal.

 

[“Tendencia antisocial”, p.309]

 

Lo que le ocurrió al niño en términos de falla del entorno va a afectar el estado de los sentimientos de privación. Hay entonces un espectro de tendencia antisocial, en términos de etiología, así como de expresión.

 

  1. Dos tendencias: destructiva y búsqueda-objeto

A lo largo del espectro, sin embargo, existen dos tendencias, cada una con su propio objetivo.

Siempre existen dos tendencias en la tendencia antisocial, aunque el acento se sitúa en general más en una que en otra. Una tendencia se representa típicamente en el robo, y la otra es la tendencia destructiva. En el primer caso, el niño está buscando algo, en algún lado, y al fracasar en encontrarlo lo busca en otra parte, cuando aún esperanzado. En el segundo caso, el niño está esperando esa estabilidad del entorno que tenga la fuerza suficiente para soportar la tensión que resulta del comportamiento impulsivo. Esta es una búsqueda de provisión del entorno que se hubo perdido, una actitud humana: contar con ella, da libertad al individuo para moverse, actuar y emocionarse.

Examinando lo casi normal y -en términos de desarrollo individual- las raíces tempranas de la tendencia antisocial, deseo tener en mente todo el tiempo estas dos tendencias: búsqueda-objeto y destrucción.

 

[“Tendencia antisocial”, p.310]

 

Es la tendencia destructiva la que se relaciona con la búsqueda inconsciente del cuerpo de la madre, de sus brazos −el primer entorno del niño.

Particularmente es por la segunda de estas tendencias que el niño provoca reacciones totales del entorno, como si buscara un marco de referencia cada vez más amplio, un círculo que tiene como primer ejemplo los brazos o el cuerpo de la madre. Uno puede discernir una serie: el cuerpo de la madre, la relación parental, el hogar, la familia, incluyendo primos y relaciones cercanas. La escuela, la localización de las estaciones de policía, el país con sus leyes.

 

[“Tendencia antisocial”, p.310]

 

Esto es reminiscente del entorno-madre de la vida temprana del niño de Winnicott, la madre de los momentos tranquilos del niño de des-integración (ver SER: 1), mientras que la madre de los tiempos de emoción -la madre-objeto- es inicialmente percibida por el niño como algo diferente y separado de la madre-entorno. La unión de estas dos madres en la mente del niño contribuye al estado de desarrollo de la capacidad de preocupación (ver: PREOCUPACION: 3). El niño privado, quien no solo ha sufrido de real privación de su entorno, sino que también hubo sido privado de la posibilidad de unir a ambas madres, no puede aún alcanzar el importante estado de preocupación (ver DEPRESION: 4, 6). Robar un objeto es entonces visto como el acto de buscar objeto-entorno-madre; robar es el centro de la tendencia antisocial, con el mentir asociado.

El niño que roba un objeto no está buscando el objeto robado, sino que busca a la madre sobre la cual él o ella tienen derecho. Estos derechos derivan del hecho -desde el punto de vista del niño- de que la madre fue creada por el niño. La madre encuentra la creatividad primaria del niño y por tanto se convierte en el objeto que el niño estaba listo para encontrar.

 

[“Tendencia antisocial”, p.310]

 

La última oración se refiere a la función de la madre en la presentación de objetos. Una madre lo suficientemente buena provee al niño de un ambiente que facilite el sentido de omnipotencia en el mismo −lo que significa, que él es Dios, el creador del mundo (ver: CREATIVIDAD: 2, DEPENDENCIA: 9, MADRE: 12).

El niño/adolescente que muestra una tendencia antisocial ha perdido el sentido de omnipotencia y el entorno necesario para fusionar raíces de motilidad agresiva (instintos) con las raíces libidinosas (búsqueda-Objeto) (ver: AGRESION: 6).

Cuando en el momento de privación física existe una fusión entre raíces (de motilidad) agresivas con raíces libidinosas, el niño reclama a la madre mediante una mezcla de robo, dolor y desorden, de acuerdo con los detalles específicos del momento del desarrollo emocional de ese niño. Cuando hay menor fusión, el comportamiento de búsqueda –Objeto y la agresión tienen una mayor separación entre sí, y hay un mayor grado de disociación en el niño. Esto lleva a la proposición de que el costo de la molestia del niño antisocial es una característica esencial, y es también, en su mejor momento, una característica favorable, indicando una potencialidad para la recuperación de la fusión perdida de las raíces de motilidad y libidinosas.

 

[“Tendencia antisocial”, p.311]

 

La tendencia antisocial es un aspecto normal del desarrollo emocional, al principio de la vida, lo cual en general pasa desapercibido. El costo de la molestia implica que hay una comunicación desde el niño que necesita ser reconocido y registrado por la madre.

En el cuidado ordinario del niño la madre está constantemente lidiando con el costo de la molestia de su niño. Por ejemplo, un bebé comúnmente se hace pis en la falda de su madre mientras está siendo amamantado. Más tardíamente esto aparece como un momento de regresión en el sueño o al momento de despertarse mojando la cama. Cualquier exageración del costo de la molestia causada por un niño puede indicar la existencia de un grado de privación y tendencia antisocial.

La manifestación de la tendencia antisocial incluye robar y mentir, tener incontinencia y, en general, hacer mucho lío. Aunque cada síntoma tiene su significado específico y su valor, el común denominador para mi propósito -en mi intento de describir la tendencia antisocial- es el valor de la molestia de los síntomas. El valor de la molestia es explotado por el niño y no ocurre por casualidad. Mucha de la motivación es inconsciente, pero no necesariamente toda.

 

[“Tendencia antisocial”, p.311]

 

Las raíces de la tendencia antisocial derivan desde el principio de la vida en el contexto de la relación madre-hijo, y los “primeros signos de la privación son tan comunes que pasan como normales”. La codicia es uno de los primeros signos “de un grado de privación y de cierta compulsión a buscar una terapia respecto de esta privación, a través del entorno” (“Tendencia antisocial”, p.311-312). Esto implica que el entorno es responsable por el sentido de privación que el niño siente, lo cual lo obliga a buscar compensación desde su entorno.

En el momento de desarrollo emocional en el cual el niño necesita unir o fusionar las raíces de la motilidad y la libido, la madre es requerida por el niño para el apoyo de su ego, porque en esta etapa el ego del niño es muy débil como para llevar a cabo la tarea de integración. Si la madre no suplementa el ego en este momento crucial, el niño es decepcionado y experimenta privación. Este es el momento de “privación original”.

Hay un punto especial que quiero remarcar: en las bases de la tendencia antisocial hay una buena experiencia que se hubo perdido. Seguramente, es una característica esencial que el niño haya adquirido la capacidad para percibir que la causa del desastre yace en la falla del entorno. El estado de madurez del ego que permite una percepción de este tipo determina el desarrollo de una tendencia antisocial en lugar de la enfermedad de la psicosis. Un gran número de compulsiones antisociales que se presentan, pueden ser exitosamente tratadas en las etapas tempranas por los padres.

 

[“Tendencia antisocial”, p.313]

 

Para Winnicott, la etiología de la psicosis yace en la falla temprana del entorno durante el tiempo de absoluta dependencia.

Una falla en este momento significa que la madre no pudo identificarse con su niño y, por tanto, no estuvo en el estado de preocupación maternal primaria que es requerido para que el niño se desarrolle fuertemente. Pero las raíces de la tendencia antisocial refieren al tiempo después del tiempo de la absoluta dependencia, cuando la falla ocurre en tiempos de relativa dependencia. Es durante este tiempo de dependencia de sus necesidades que el niño comienza a ser consciente de su dependencia, y si es decepcionado, experimentará privación. Si las cosas cambian y este percibe una chance de recobrar lo que hubo perdido, recobra también la esperanza. Es la esperanza que motiva el acto antisocial (ver DEPENDENCIA; 1, 2; AGRESION: 7).

 

  1. El momento de esperanza

 

Winnicott provee una lista de lo que está ocurriendo con el bebé o el niño en el momento de la esperanza:

En el momento de la esperanza el niño:

  • Percibe un nuevo escenario que tiene algunos elementos de confiabilidad.
  • Experimenta un impulso que puede ser llamado Búsqueda –Objeto.
  • Reconoce el hecho de que la crueldad está por convertirse en característica
  • Revuelve el entorno inmediato en un esfuerzo de ponerlo alerta al peligro, y organizarlo para tolerar las molestias.

Si la situación se sostiene, el entorno debe ser testeado y re testeado en su capacidad para tolerar la agresión, de prevenir o evitar la destrucción, de tolerar las molestias, de reconocer el elemento positivo en la tendencia antisocial, para proveer y preservar el objeto que ha de ser buscado y encontrado.

En un caso favorable…las condiciones favorables pueden con el curso del tiempo facilitar que el niño encuentre y ame a una persona, en lugar de continuar la búsqueda a través de reclamos sobre objetos substitutos que hubieron perdido su valor simbólico.

En la siguiente etapa el niño tiene que poder experimentar desesperación en una relación, en lugar de solo esperanza. Más allá de esto, es que existe la real posibilidad de una vida para ese niño. Cuando las institutrices y el resto del grupo de trabajo en el hostal sostienen al niño a través de todo ese proceso, seguramente han hecho una terapia que se asemeja al trabajo psicoanalítico.

 

[“Tendencia antisocial”, p.314]

 

En 1967, once años luego de que Winnicott hubo escrito “La tendencia antisocial”, presentó un artículo titulado “Delincuencia como signo de esperanza” en la Conferencia del asistente del gobernador Brostal. En este artículo se ilustra la evolución del pensamiento de Winnicott: no se trata necesariamente de la búsqueda del objeto perdido, sino de la capacidad de buscar y de tratar de lograr la atención de alguien. Dicha capacidad tiene la convicción a un profundo nivel y hay algo que puede ser encontrado. En términos de desarrollo, esta capacidad está ligada a la búsqueda del sentido del Yo (ver YO: 11).

Es necesario ver que estamos hablando de dos aspectos de una misma cosa: la tendencia antisocial. Me gustaría relacionar una de ellas a la relación entre el niño pequeño y la madre, y la otra, al desarrollo tardío, que tiene que ver con la relación del niño con su padre. La primera tiene que ver con que la madre, en su adaptación a las necesidades del niño pequeño, le permite a éste encontrar objetos. Ella inicia el uso creativo del mundo. Cuando esto falla, el niño ha perdido el contacto con los objetos, ha perdido la capacidad creativa de encontrarlos.

 

[“Delincuencia como un signo”, 1967, pp. 92-93]

 

Winnicott advierte que la investigación policial y el castigo como modos de lidiar con la persona joven solo exacerbarán el problema, porque la verdadera comunicación no ha sido escuchada. Él brega por una respuesta dual de la sociedad: la de conducción y terapia. El joven delincuente necesita un escenario lo suficientemente seguro y estructurado (conducción) así como también el tratamiento uno a uno (psicoterapia). La terapia es una parte importante del proceso de rehabilitación, porque el acto antisocial es un pedido inconsciente de parte del niño o el adolescente de regresar a un estado anterior al momento de Privación. El acto antisocial significa la potencialidad del restablecimiento de algo bueno.

La pregunta es ¿qué es la esperanza? ¿Qué es lo que el niño espera hacer? Es difícil responder esta pregunta. El niño, sin saberlo, espera que alguien lo escuche, en retrospectiva al momento de la privación o a la fase en la cual se consolidó la privación en esta inexplicable realidad. La esperanza es tal que el niño o niña será capaz de revivir el sufrimiento intenso posterior al momento de la privación, en relación a la persona que está actuando como psicoterapeuta. En el momento que el niño usa el sostén que le da el psicoterapeuta para alcanzar ese intenso sufrimiento de aquel momento determinante en su vida o período de tiempo, deviene la memoria del tiempo que precede al momento de privación. En este sentido, el niño ha deseado alcanzar el viejo sufrimiento de aquel momento decisivo o período de tiempo, y luego sigue el recuerdo de tiempos antes de la privación. El niño ha tratado de llegar nuevamente a la capacidad de encontrar objetos o a la pérdida de seguridad de su marco de referencia; el niño ha tratado de alcanzar nuevamente su relación creativa con la realidad externa, o bien el período en el cual la espontaneidad era algo seguro, incluso si involucrase impulsos agresivos.

 

Ello ocurre automáticamente como resultado de la llegada del niño a lo que previamente fue intolerable: el sufrimiento reactivo a la privación. Por sufrimiento quiero decir, aguda confusión, desintegración de la personalidad, el continuo caer, falta de contacto con el cuerpo, completa desorientación y otros estados de este tipo. Una vez que uno llevó a un niño a esta área de eventos y el niño llegó a recordarlo y a recordar lo que ocurrió anteriormente, uno no tiene dificultad alguna en entender porque este niño antisocial tiene que pasar su vida buscando ayuda de este tipo. Ellos no pueden seguir con sus vidas hasta que alguien haya retrocedido con ellos a dicho momento y haya facilitado el recuerdo por haber revivido el resultado inmediato de la privación.

 

[“Delincuencia como un signo”, 1967, pp. 92-93]

 

En otras palabras, el momento de la privación debe ocurrir en la relación de transferencia. La capacidad del terapeuta de conocer y combinar el momento de la esperanza, podrá proporcionar el entorno contenedor que eventualmente conducirá al paciente a su habilidad de integrar.

 

  1. La tendencia antisocial y el psicoanálisis

El concepto de la tendencia antisocial abre nuevos terrenos en la teoría psicoanalítica del desarrollo emocional. Hasta ese momento, Freud había atribuido el crimen a un sentido inconsciente de culpa enlazado con el complejo de Edipo: el criminal comete un crimen para deshacerse de los intolerables sentimientos de culpa −su sentido de culpa estuvo asociado a un crimen externo. El crimen externo (el acto antisocial) fue entonces una distracción o actuación del crimen interior fantaseado -parricida o incestuoso. El alivio deviene del accionar y castigo subsecuente (Freud, 1916d).

Como fue ilustrado anteriormente, Winnicott remarca que el medio externo juega un papel crucial en la persona que comete un crimen, y que su etiología está enraizada en la temprana relación niño-madre. La privación para Winnicott ocurre como resultado de la pérdida del soporte necesario para el ego del niño al tiempo de relativa dependencia. El acto antisocial compele al entorno a ser importante. El paciente, mediante impulsos inconscientes, compele a alguien a que lo dirija y conduzca.

 

[“Tendencia antisocial”, p.309]

 

Masud Khan, en su introducción a “A través de la Pediatría al Psicoanálisis” (1958ª), señala que para Freud “cada síntoma conlleva deseo de ser cumplido en sí mismo”, mientras que “Winnicott se extiende más allá para mostrar cómo cada comportamiento antisocial conlleva en sí mismo la declaración de la necesidad insatisfecha en su origen”.

Para Khan la importancia de la contribución de Winnicott al concepto de la tendencia antisocial es su valor en relación a pacientes psicoanalíticos. Khan se dio cuenta que, lo que en principio el veía como resistencia o una respuesta negativa del tratamiento en sus pacientes, podía ser de hecho visto con mayor positividad como una comunicación que hace el paciente respecto de su privación.

Si el analista es capaz de reconocer la privación del paciente y “discernir el momento de la esperanza”, hay una subsecuente chance de que el paciente pueda re descubrir las buenas experiencias que él ha perdido.

El paciente que muestra una fuerte tendencia antisocial en la relación analítica tiene dificultad en simbolizar y es forzado a actuar su angustia. Si el analista lee el acto antisocial como signo de esperanza, la comunicación del paciente será al menos recibida, y existe una chance de que el acto desemboque en la habilidad del paciente de simbolizar y, por tanto, utilizar el espacio transicional (ver FENOMENO TRANSICIONAL).

Luciana Tonelli Rodulfo

Luciana Tonelli Rodulfo es Bachellor en Biología Molecular, Universidad de Buenos Aires (UBA)/ American Association of Collegiate Registrars and Admission Officers (ACCRAO); Buenos Aires, Argentina/Washington DC, USA.

Luego de 13 años de experiencia trabajando en renombradas universidades de Estados Unidos (Oregon Health and Science University, OHSU) y Canadá (McGill University) así como en la empresa canadiense STEMCELL Technologies Inc.), en 2016 regresó a la Argentina, en  donde reorientó su carrera para desempeñarse como Asistente Ejecutiva Bilingüe (Consultorio psicoanalítico de los Doctores Rodulfo) y Traductora en el idioma Inglés (Consultorio psicoanalítico de los Doctores Rodulfo, www.mokuto.com, Equipo de Traducción de la Traductora Pública Laura Granollers).