Por Claudia Levin
A modo de introducción [1]
Hace un tiempo tuve la oportunidad de asistir al estreno del ballet Caravaggio de Mauro Bigonzetti en el Teatro Colón de Buenos Aires, inspirado en el pintor barroco.
Lo que más me impactó fue el uso de las luces, la oposición luz/tinieblas que caracteriza la técnica del claroscuro por la que se conoce a Caravaggio. En el escenario, el efecto de la iluminación colabora en crear una atmósfera dramática que nos introduce en la tridimensionalidad del espacio.
Gracias a la conjunción de esta iluminación y los recursos escenográficos, los personajes quedan encuadrados en un marco del que pueden por momentos salir o entrar, cambiar de plano. Como espectadores, nos introduce ya en un plano diferente, más cercano, de mayor compromiso con la obra al permitirnos ver cómo el mundo interior evoluciona artísticamente en un estilo pictórico.
A partir de vivir esta experiencia estética, me pregunto a qué le damos valor de experiencia cuando hablamos de una sesión analítica.
El trabajo con Úrsula y su familia, que desarrollaré a continuación, despertó en mí estas reflexiones.
La experiencia clínica que voy a relatar está ficcionalizada en sus referencias con la intención de cuidar el secreto profesional y la identidad de la familia.
Para mí, el impacto en primera instancia fue disparado por lo visual, que trajo aparejado, consecuentemente, un efecto emocional. Cuando hablo del impacto visual, me refiero tanto al ballet como a los claroscuros dramáticos que caracterizaban a la pantalla a través de la cual me conecte con Úrsula y sus padres en pandemia.
La experiencia que voy a contar está estructurada en escenas, ya que esa forma narrativa me permite transmitir con mayor claridad la atmósfera de claroscuros en la que se realizó el trabajo.
Encuentros con Úrsula
El tratamiento analítico de Úrsula se desarrolló con muchas dificultades, relacionadas con la inestabilidad en el compromiso de sus padres. Comenzó un tiempo antes de la pandemia y continuó posteriormente. En este trabajo me detengo en un momento particular, tal vez aquel que presentó mayores obstáculos, pero también en el que comenzaron a observarse algunos cambios psíquicos.
Escena 1
En la pandemia, al conectarme para comenzar una sesión virtual, me encuentro con el rostro de Úrsula, de 10 años, desfigurado por el llanto. De fondo, a diferencia de sesiones anteriores, solo se ve oscuridad. Me cuenta que su padre nuevamente se violentó. Percibo que esta vez fue más fuerte, quizás la pandemia agudizó aquello que ya venía ocurriendo. La zarandeó y la metió bajo la ducha. Desesperada, abatida, aterrorizada, me pide ayuda. Tratando de sobreponerme al impacto, le digo que ningún adulto, por más enojado que esté, puede pegarle a un niño. Y que voy a hablar con sus papás. A través de estas palabras, quiero ofrecerle la garantía de mi compromiso a intervenir en esta situación. Le pido que les avise que los voy a llamar en ese momento.
Escena 2
Los padres se conectan a la sesión desde su dormitorio, que parece estar en penumbras. Les digo que esta es una situación límite. Les explico que el riesgo, aparte de lo ocurrido, es que Úrsula naturalice el ser golpeada, que naturalice el sufrir, el hacer sufrir o el hacerse sufrir. Dirigiéndome al padre, le recuerdo que está prohibido por ley pegar a un niño. A diferencia de otras veces, ahora el padre me mira como empequeñecido. La madre, entre acongojada y resignada. Pido entonces hablar con los tres al mismo tiempo, que le avisen a Úrsula.
Escena 3
Ahora aparecen los tres. En el dormitorio de los padres, Úrsula se refugia en el regazo de su mamá. Explicito nuevamente la prohibición al padre de pegarle a su hija, y planteo como imprescindible realizar una reunión semanal con los tres, además de la sesión individual con la niña.
Escena 4
Poco tiempo después, Úrsula me comparte un video en donde su imagen se va agrandando, ensanchando, desfigurando. Testimonio de lo informe. [2] Me pregunto si el impacto que recibo se debe a un prejuicio etario en relación a cómo se comunican los chicos de esa edad, o a la conmoción al observarla desfigurada. Tan desfigurada como aquella vez que el llanto transformó su rostro.
Días después, cuando la mamá me llama para contarme lo mal que está Úrsula (se refiere a la conducta, a que se porta mal) la escucho y le pregunto si vio su foto de perfil (un fotograma de aquel video). Pero no reacciona, parece no saber de qué le estoy hablando. No reparó en la foto, no la tomó como una imagen a ser leída.
Escena 5
Me llama Úrsula de urgencia desde la costa, donde pasa las vacaciones con su familia. Me cuenta que, estando con la mamá en el agua, se cayeron en un pozo y pensó que se hundía. Siente que la madre no la puede rescatar. Me pide auxilio. Rescato su deseo de llamarme y poner su miedo en palabras.
Escena 6
Tiempo después, luego de un trabajo con los padres y la niña, a punto de empezar un nuevo año escolar, Úrsula me cuenta que su mamá la sorprendió con un regalo: un cuaderno lleno de detalles afines a sus gustos (colores, texturas, stickers). El cuaderno a estrenar parece promisorio para escribir juntas un nuevo modo de relación.
Para ella, encontrarse con ese objeto fue maravilloso. Le pregunto si está contenta. Se escucha a sí misma diciendo que sí. La veo acostada, sus piecitos hablan, dicen que sí, con unas medias divinas, con personajes en las puntas, como títeres. Ternura y sensualidad. Juega con la camarita, haciendo un uso muy plástico del espacio durante toda la secuencia. Me transmite una sensación de mucho bienestar. Expresa su alegría como una niña púber, la que nunca había aparecido antes. Comenzamos a formar parte de un proceso en el que ambas somos creadas y encontradas (Winnicott, 1971). El Zoom me permitió acercar mi lente y sacar una foto (metafórica), con la intención de cuidar esa experiencia para que pueda desenvolverse, desplegarse; para seguir avanzando en este espacio de mutualidad.
Escena 7
Tiempo después, me llama un feriado y me deja un mensaje. “Tengo que hablar con vos, papá me retó y me sacó el celular, te escribo con el de mamá”. Nuevamente la urgencia.
Cuando hablamos, me cuenta que entiende que su papá la tiene que educar, pero se pregunta de qué sirve sacarle el celular. Dice que su papá piensa que el celular es el culpable de todo. También, refiere que él no confía en ella y no la deja ir a las matinés [3].
Georges Didi-Huberman (2024) dice que constantemente se les pide a los niños que obedezcan pero se pregunta: ¿cuándo obedecer protege y cuando los priva de lo mejor, los inmoviliza? ¿Cómo se produce el deslizamiento entre el hecho de estar obligados a obedecer y el de ser libres para obedecer?
En este sentido, Úrsula está empezando a ensayar estrategias para desobedecer sin que ello sea un escándalo. Jugando, aprender jugando sin dejar de preguntarse el porqué y el para qué como modo de ejercicio de construir su libertad.
La invito a pensar si ella puso algún ingrediente en el lío que se armó. Acepta mi invitación y se pone a pensar. Espacio de silencio compartido. Dice: “Algo seguro que puse yo, pero no era para tanto, además algo estoy cambiando”. Digo: “Antes, primero gritabas, después llorabas y después pensabas. Y ahora ¿cómo sería?” Se ríe con ternura y complicidad. Responde, afirmada: “Ahora primero lloro y después pienso”.
Le digo: “¡Qué lindo poder decir lo que sentís! Pensar juntas, escucharnos… Y -a modo de guiño- ¿jugamos a que te felicito?”, ella rápidamente toma ese juego y me dice: “Yo también te felicito”.
Acerca de la transmisión de la experiencia analitica
Una obra de arte (una pieza musical, un libro, una pintura, un ballet), como las palabras de un paciente, no es solo un texto a descifrar sino otro mundo a descubrir, un entramado que se desconoce a sí mismo.
Los psicoanalistas nos transformamos con las situaciones clínicas en las que participamos, sobre todo aquellas que tienen una profundidad tal que nos obligan a sumergirnos en zonas tormentosas y, con viento a favor, afianzarnos en nuestro camino. Estas transformaciones incluyen hallazgos, desesperanzas y esperanzas. Claroscuros que iluminan y ensombrecen, muestran y ocultan, como en un juego escénico en donde el analista por momentos es observador involucrado o participante atormentado. En ocasiones, por la magnitud de la violencia circundante, toma decisiones interviniendo en la urgencia.
La experiencia con Úrsula y su familia me llevó a compartir mis registros a través de este escrito. Fue un tiempo en que me vi abriendo las ventanas, no solo las metafóricas sino las de la plataforma Zoom, a veces encontrando un muro de piedra del otro lado y otras veces, muy de a poco, dejando entrar la luz.
Retomando la escena 7, podríamos decir que el trabajo analítico permitió generar una zona de ternura. La empatía, el miramiento y el buen trato son los componentes fundamentales que Fernando Ulloa adjudica a la ternura, considerada como una instancia ética.
A modo de cierre, me gustaría recordar lo dicho por J. B. Pontalis (2007), cuando nos propone confiar en lo que hay de vivo en el paciente y en nosotros mismos. Saber que somos nuestro propio instrumento de trabajo y, por ende, un instrumento con fallas y oscilaciones, abierto al movimiento y las transformaciones.
Leer la biografía de Claudia Levin
Bibliografía
Galli, V. (2008) Humildad poética en la clínica psicoanalítica, VII Congreso Fepal, Panel:
Contratransferencia y subjetividad del analista, Chile.
https://sapsicoanalisis.org.ar/wp-content/uploads/2021/04/HUMILDAD-POeTICA-EN-LA-CLI%CC %81NICA-PSICOANALI%CC%81TICA.pdf
Gampel, Y. (2017) ¿Cómo hacer para que una sesión analítica se convierta en una experiencia emocional?. Revista Generaciones. Pensar con el psicoanálisis, niños/as-adolescentes-familias, 6, Eudeba.
Huberman, G (2024) ¿Por qué obedecer? Adriana Hidalgo editora
Puget, J., Braun, J. & Cena, M. (2018). Marilu Pelento, psicoanalista de nuestro tiempo. Un panorama de sus ideas. Lugar Editorial.
Pontalis, J. B. (2007). El que duerme despierto. Traducido por S, Hopenhayn. Adriana Hidalgo Editora.
Punta Rodulfo, M. ( 2005) La clínica del niño y su interior. Un estudio en detalle. Paidos
Rodulfo, R. (2012) Padres e hijos. En tiempos de la retirada de las oposiciones. Paidos
Tirri, N. (29 de mayo de 2023) Caravaggio, una manifestación artística excepcional, La nación.
https://www.lanacion.com.ar/espectaculos/danza/caravaggio-una-manifestacion-artistica-excepcio nal-nid29052023/
Ulloa, F. (1995) Novela clínica psicoanalítica. Historial de una práctica, Paidós
Winnicott, D. (1971). Realidad y juego. Editoral Gedisa
[1] La primera versión de este trabajo fue publicada en Intercambio Psicoanalítico,14 (2), 2023
[2] Winnicott utiliza la expresión de lo informe o la de zona de lo informe para significar “los elementos de la personalidad no integrada”, aquello que todavía no ha tomado forma, que no se ha integrado.
[3] Las matinés en Argentina son discotecas o fiestas para chicos entre 12 y 14 años que se realizan durante la tarde/ noche, antes de la medianoche
