Por Lorena Markic
“Mírame bien, dijo al partir
no te sorprenda, volverme a ver
Mírame bien, puedo morir
y una y mil veces renacer”
Los piojos. 2000
El presente trabajo[i] versara sobre una joven de catorce años que inicia atención psicoterapéutica a mediados de mayo del corriente año, en un hospital de una ciudad frutihortícola de la Patagonia Argentina. Su nombre coincide con el título de una canción de la famosa banda de rock nacional citada anteriormente. Apenas tuve contacto con ella y escuché su nombre, (poco frecuente) evocó en mí la melodía de aquella canción. Con el correr de entrevistas me hizo sentido el estribillo. En una sesión me cuenta que su madre le puso el primer nombre por aquella canción y su abuela materna le otorgo otros dos nombres más. No voy a emplear su verdadero nombre; de aquí en más la llamaré Maitena.
Senaf (Secretaria de Niñez, Adolescencia y Familia) solicita un turno al Servicio de Salud Mental para la atención de Maitena. Solo envían un breve informe mencionando el lugar de residencia actual, una Institución para el alojamiento y cuidado de niñas y adolescentes, e indican que la solicitud de consulta se sustenta en un pedido de la adolescente. En 2023 se toma una medida excepcional de protección de derechos, alejando a Maitena y su hermano Juan, dos años menor, de su madre. Desde hace dos años se encuentra alojada en dicho hogar, y su hermano, en uno para varones. De su padre no hay datos. La joven dice no tener recuerdos ya que los habría abandonado cuando eran muy pequeños.
La primera entrevista concurre acompañada por la directora del hogar, Margarita una psicóloga que parece tener un vínculo de cercanía con la joven. Posteriormente, cuando ya me encuentro a solas con la joven, relata lo que considera su motivo de consulta. Refiere que hacía ya un tiempo había manifestado su deseo de empezar un tratamiento para abordar la relación con sus compañeras en el hogar y según sus palabras “poder expresar lo que me pasa“… (Sic). Comenta que el año pasado realizó tratamiento psicoterapéutico con un profesional del ámbito privado, pero no se habría sentido a gusto, aduciendo no sentirse escuchada. Expresa que al no tener confianza omitió contarle lo que le sucedía hasta discontinuar el tratamiento. En este primer encuentro se mostró distendida, acordamos un próximo encuentro y cuestiones relativas a los horarios en que ella podría asistir.
Maitena es alta, contextura robusta, cabello castaño que suele ir cambiando frecuentemente a los tonos rojizos u oscuros. Es determinada al hablar, segura y firme. Asiste a primer año en una escuela pública de gestión privada de la localidad, la cual cuenta con una matrícula numerosa. Se encuentra formando parte de un grupo de jóvenes que se reúnen con fines solidarios, coordinados por referentes de la comunidad salesiana. Suele destacar que la tienen en cuenta y convocan cuando hay cupos limitados a participar de determinados encuentros. Se siente valorada y se esmera en la participación. No tiene celular, pero si redes sociales que suele tener activas en los móviles de amigas o computadora. Otras compañeras del hogar tienen teléfono, pero esto es facilitado por los familiares.
En las primeras entrevistas relata la ruptura de un vínculo que impresiona haber sido muy intenso respecto a una amiga que voy a llamar Lara. Actualmente este distanciamiento habría repercutido en sus actividades diarias. Ella cambió de habitación y le permitieron dormir con niñas pequeñas de entre seis y ocho años. Evita el contacto con las chicas de su edad dado que habrían tomado partido por Lara y no quiere nuevos malos entendidos ni peleas.
En la cuarta entrevista relata que, en el transcurso de la semana, tras una nueva discusión con Lara, se lastima los antebrazos con un tenedor. Según comenta, estaba colocando la mesa, se sucede un conflicto, guarda el utensilio en el bolsillo, luego sale al patio y se provoca las lesiones (superficiales). Tal como si retomase la primera entrevista cuando hablamos sobre el motivo de consulta, añade “Quiero expresar lo que me pasa para no lastimarme” (Sic). Durante el desarrollo de la entrevista cuenta los pormenores de la disputa. Refiere que no ha tenido responsabilidad de aquello de lo que se la acusa. Le reprochan que habría hecho circular vía redes sociales, un rumor de triángulo amoroso (entre compañeros del hogar) y de haber criticado a su antigua amiga Lara. En este clima donde todo era gritos, llantos; ella intenta alejarse de la escena y termina lastimándose. Esta conducta autolesiva, fue la única que registra durante lo que va del año, hasta el momento no ha vuelto a repetirla. Reconoce que estando en sexto y séptimo grado solía descargar tensión de esa manera, con escaso registro de adultos referentes. Tampoco pudo abordarlo con la psicóloga a la que asistía el año pasado. Reconoce que cuando se desbordaba emocionalmente era contenida por la directora y vicedirectora.
En los siguientes encuentros pudo ahondar un poco más en su historia. Relata que desde temprana edad convivió con su abuelo materno, hasta que falleció en 2021. Él era un mecánico que se encargaba de cubrir las necesidades de la familia y además era una figura de contención y afecto para su hija y nietos. Maitena refiere que, a partir de esta pérdida, su madre habría comenzado a descuidarlos cada día más. Presentaba por aquel entonces un historial de consumo de sustancias que data de más de 20 años. La adolescente relata que por esos tiempos había naturalizado el consumo de su mamá, minimizando sus conductas negligentes e incluso justificando muchas de sus acciones. Actualmente sostiene que su madre no demuestra deseos de cambiar, que ya no puede creerle. Hace una distinción con su hermano, quien estaría pendiente de su madre. Espera el llamado telefónico, disponiendo de varios días y horarios para comunicarse, suelen pasar tres o cuatro fines de semana hasta que los contacta. Hace un tiempo estuvo privada de su libertad, Maitena no sabe mucho al respecto, pero cree que estaría vinculado a la venta de cocaína. Actualmente tiene restricciones para circular, tiene que evitar determinados barrios de la ciudad. Puede hacer una asociación entre el consumo problemático de su madre y situaciones de mucho riesgo en las que estuvieron expuestos junto a su hermano. Expuestos a abuso sexual y un entorno en el que las armas y las drogas circulaban. Refiere que su madre estando intoxicada se iba de la casa por las noches y su regreso era incierto. En este contexto, Maitena se encargaba del cuidado de Juan. En su relato se presenta protectora, incluso en la actualidad evidencia continua preocupación y se encarga de ayudarlo en todo lo que puede. Reflexiona sobre un posible retraso madurativo de su hermano (corroborado por la psicóloga del Juzgado), ya que se le hace evidente que no comprende bien y que puede ser engañado fácilmente, incluso por su madre, según expresa.
De la situación de abuso relata que a sus once años aproximadamente, estando de noche solos con su hermano, se acercó al domicilio el hijo de la viuda de su abuelo, quien le pidió que lo acompañara a buscar algo a la casa de un familiar. Salieron en moto y él se dirigió hacia el río. Ella, dándose cuenta del peligro, intentó persuadirlo para regresar con un pretexto, que se le ocurrió en el momento. El hombre emprendió el regreso, pero le pidió que se sentara adelante, es decir, la hizo conducir mientras tocaba sus piernas y partes íntimas.
Otra de las situaciones a las que hace mención luego de la muerte del abuelo, es la falta de escolarización. Maitena y Juan estuvieron muchos meses sin asistir al colegio. Por esta razón habría intervenido Senaf, convocado por referentes educativos ante la falta de continuidad escolar. En el trabajo conjunto con equipo técnico de Juzgado de familia, pude tomar conocimiento de que la medida había sido fundamentada no solo en la negligencia y desatención a las necesidades básicas, sino también por denuncias de vecinos donde afirmaban que niños eran obligados a trabajar, e incluso había sospechas de prostitución infantil.
Se sostuvieron algunos encuentros con referentes del Juzgado de Familia dado que la adolescente y su hermano se encontraban en condiciones de adoptabilidad. El equipo técnico remarcó la importancia de compartir un criterio común y no generar falsas expectativas en Maitena, quien anhelaba una familia. Ella comprende que no es frecuente la adopción de hermanos adolescentes; incluso por separado son escasas las posibilidades. Alberga una esperanza discreta en torno a la adopción. También fantasea con seguir estudiando, respaldada por la institución en la que se encuentra alojada. Sueña con abrir su propio taller mecánico y también a futuro recuperar la casa donde vivía con su abuelo.
Después de las vacaciones de invierno la joven comenzó a manifestar algunos temores. Cierta vez se presentó antes del turno la vice directora del hogar para comunicar que Maitena durante el fin de semana había estado llorando por el regreso escolar al día siguiente. Refiere que la adolescente le ha contado que era frecuente encontrarse, en las cercanías de una rotonda, a un grupo de adolescentes que salían de otra escuela y que le gritaban adjetivos descalificativos haciendo referencia a su cuerpo y rostro. La vice directora la habría tranquilizado diciéndole que iba a seguirla en el circuito de regreso de la escuela al hogar. En esa oportunidad, Maitena relata la escena con angustia, expresa que se trata de un grupo que se moviliza en bicicleta, que deben de ser de primer año por el porte. Le habrían gritado “gorda”, “lechona” y “fea”. Refiere que hasta ese punto de la ciudad camina junto a dos compañeros, pero luego se bifurcan y cada uno debe seguir un rumbo diferente. Cada salida del colegio lo vivencia con renovado temor. Lo llamativo es que a pesar que pasaron los días y no se han repetido estos episodios de agresión de los estudiantes hacia ella, cada vez que debe pasar por ese lugar (sector que divide a la ciudad en dos, de un lado y otro de la ruta), aunque sea en otro horario, le genera la misma sensación que cuando los cruza efectivamente a la salida del colegio. Según sus palabras, “Es un miedo inexplicable a que se aparezcan en cualquier momento como si vivieran allí”. (Sic).
Cabe destacar que en el hogar donde ella reside funciona escuela primaria y secundaria, los jóvenes que la molestan serian alumnos de allí. Ella pidió ir a otra escuela, que queda en el centro de la ciudad, la cual de mañana funciona con una modalidad técnico-mecánico y técnico maestro mayor de obras, y por la tarde, modalidad bachiller. Maitena eligió este secundario para circular por otros lugares, evitando realizar sus estudios en la institución contigua al hogar. Optó por la orientación técnico mecánica por su abuelo, dice que se siente familiarizada con el taller y las herramientas. Se muestra entusiasmada con recorrer distintos trayectos caminando sola. Manifiesta sentirse a gusto con sus compañeras y compañeros de curso. Dice que es un grupo muy unido. Se ríe de los varones que hacen chistes y generan situaciones cómicas, manifiesta que con algunas chicas ha comenzado una amistad, incluso los fines de semana pasa tiempo en sus casas. Participa activamente de las actividades propuestas por la escuela. En la semana del estudiante ofrecieron distintas actividades, todos los días un desafío nuevo. Una de las consignas era que cada curso eligiera una tribu urbana y fueran vestidos así al colegio. Las chicas de su grupo decidieron vestirse de “turras”. Le pregunto en qué consiste ser una turra y responde que tal cual se había presentado ese día a sesión: una colita alta, ropa deportiva de marca conocida, zapatillas de cuero y con actitud de chica mala. Relata divertida que casi todo es prestado porque “esa no es su onda”, lo único propio es el pantalón. Planea al día siguiente concurrir en pijamas a la escuela siguiendo el desafío. Menciona que llevará pantuflas y un oso de peluche al igual que varias de las compañeras. Los días restantes siguieron entre actividades deportivas y de teatro. Se la notaba muy entusiasmada.
En una de las últimas entrevistas refiere: “Esta semana estuve re feliz…” “Estoy tranquila, no tengo apuros ni problemas” (Sic). Relata que está teniendo mejor vínculo con las compañeras del hogar, pero prefiere la compañía de los amigos de la escuela. En esta oportunidad me cuenta que durante el primer tiempo que permaneció en el hogar su comportamiento era de permanente transgresión: “Me portaba para “el poto” en sexto y séptimo grado, me escapaba, salía afuera y no quería entrar. Tenían que llamar a la policía para hacerme entrar”. Relata también ciertas noches en las que en complicidad con sus amigas se escaparon y fue necesario el rastrillaje hasta encontrarlas. “¡Ahora no! Estoy más tranquila… juego con las pibas más grandes, con Kiara por ejemplo (16), le hago caballito, es divertido… este año presté más atención al secundario. Se me enchufaron los focos. (Se ríe). Solo se me sale el tornillo con Betty (la vicedirectora). Estoy contestadora”. Cabe destacar que Betty es la persona a la cual ella me pide que le mande un mensaje para que la venga a buscar cada vez que termina la sesión, así puede regresar más rápido a sus actividades vespertinas. Por otro lado, la está asesorando con el vestido de sus 15 años, en cuanto a la elección de color y diseño. En los próximos días cumple años, pero el festejo está pautado para mediados de diciembre junto a dos chicas más. También tiene presente a la “Seño Margarita”, (directora) quien le da clases de apoyo en matemática para que pueda levantar sus notas.
En la última sesión se angustia por estar distanciada de su hermano. Relata un conflicto con la reciente novia de Juan, quien es su compañera en el hogar. Según Maitena, él la habría increpado, defendiendo a la chica. La paciente se enoja y repite: “Es que es la única familia que tengo” (Sic). Hablamos sobre la angustia que parece generarle esta relación de su hermano. Le pregunto acerca de si ha estado en alguna situación de enamoramiento u atracción hacia otra persona como la que describe en Juan. Responde afirmativamente, dice estar conociendo a un amigo de su hermano llamado Lucas, desde hace algo más de un mes.
Este relato se me presenta como novedoso, dado que hasta el momento parecía evasiva en torno al tema; solía decir que los chicos eran “pavos” o se molestaba con las compañeras si estaban muy pendientes o cambiaban de planes por las personas que les atraían. Continúa su relato: “él me pidió salir y yo le dije que si” (Sic). Según expresa, se conocieron en un local de juegos electrónicos, cercano a la plaza céntrica de la ciudad. Habrían conversado un poco, el pidió su instagram y allí comenzaron a escribirse y encontrarse. Lucas es un año mayor, asiste a un Centro de Educación Técnica, con lo cual dice tener similitudes en cuanto a gustos y también comparten vulnerabilidad en la historia de vida: relata que este joven vive con su madre y habría sufrido violencia física y verbal de parte del padrastro, quien fue apartado del hogar hace un año por denuncia de violencia familiar.
Maitena expresa que a Lucas lo ve dos o tres veces por semana. Se encuentran en la plaza, a solas o en grupo. Relata divertida que han planificado encuentros con su grupo de amigas y con los de Lucas para que los que “tienen onda” puedan conocerse. Frecuentan lugares públicos, asisten a locales de juegos, realizan caminatas y paseos, mates en la plaza, algunas veces ella lo ha invitado a merendar o a tomar helados.
Hasta aquí una reseña de lo trabajado con Maitena. Pareciera que en este último tiempo las responsabilidades que asume son esperables a su edad. Cada vez menos preocupada por su hermano, entendiendo que no depende de ella, y cada vez más predispuesta a jugar y disfrutar de esta etapa.
Algunas Reflexiones
En las primeras tres entrevistas, trajo a sesión cuestiones relativas al distanciamiento de su mejor amiga, se explayaba sobre el funcionamiento grupal del hogar, también su inserción áulica y sus nuevos amigos del secundario. Senaf no había facilitado datos significativos como tampoco los referentes del Hogar. Pensaba si Maitena estaría iniciando una segunda instancia de deambulación, tal como lo plantea R. Rodulfo y hemos trabajado ampliamente en la primera parte de la Diplomatura.
Me detendré en el distanciamiento de Lara y de las chicas del hogar con quienes convive y comparten distintas historias de vida atravesadas por la vulnerabilidad. Podríamos pensar que con la lejanía de su madre; estas niñas y adolescentes devinieron su nueva configuración familiar. Durante los dos primeros años de convivencia había creado ligazones afectivas muy intensas según comenta. Con el ingreso al secundario -este año-, surgió en Maitena el creciente interés y cercanía a las amigas de la escuela. Comienza a fascinarse e idealizar la vida en otro lugar, con otros chicos y chicas con vivencias diferentes. Frecuenta sus casas y se reúnen en la plaza. Las jóvenes del hogar, ¿habrán experimentado sentimientos de deslealtad? Continuando con lo que plantea Rodulfo, el adolescente deviene otro para sí y otro para los otros. Con lo cual esta suerte de separación de “lo familiar” pudo ser vivenciado como una traición para las chicas con quienes convive. Este es uno de los trabajos fundamentales de la adolescencia, que lo extrafamiliar devenga más importante que lo familiar. Podemos visualizar en Maitena dicho pasaje. Otro trabajo fundamental señala Rodulfo, es la inscripción de la categoría del nosotros en el psiquismo: lo llama un nuevo acto psíquico. Podemos pensar que Maitena gradualmente accede a nuevos lugares o instancias de subjetivación por fuera del hogar; el grupo de amigos, lo tele-tecno mediático (redes sociales) y otros adultos significativos ligados a nuevos lugares por los que circula.
A partir del cuarto encuentro, se hacen evidentes las escoriaciones en antebrazos. Refiere haberse lesionado luego de una discusión con compañeras de convivencia. A partir de este suceso, relata que en el año 2024 le resultaba habitual recurrir a estas prácticas cuando se sentía frustrada. Considero de suma importancia el haber puesto palabras a lo sucedido. Menciona que es la primera vez que cuenta de estas prácticas. Considero que la adolescente está apropiándose del espacio analítico. Además, puede contar cuestiones vivenciadas en su infancia que, hasta el momento, mantenía en reserva. Pero a pesar de esta situación transferencial, reflotó en mí un antiguo temor sobre las derivaciones que recibimos de niños, niñas o adolescentes institucionalizados. Es frecuente que, cuando estamos ante historias de tanta vulnerabilidad, le sigan acompañamientos terapéuticos complejos, que requieren otro tipo de intervenciones, como interconsulta con psiquiatra o, cuando hay compromiso de vida, internaciones. Sin embargo, hasta el momento, no ha vuelto a presentar conducta autolesiva y no requirió evaluación con médico psiquiatra.
Tomando a Winnicott como referencia podríamos inferir que esta joven ha contado con un ambiente facilitador que pudo propiciar cierto sostén y acompañamiento en los primeros tiempos constitutivos, principalmente encarnado en la figura del abuelo. Con la pérdida de esta figura tan importante, vemos como el ambiente cambia completamente, comienzan las inasistencias al colegio y la asunción de responsabilidades no acordes a su edad. Podríamos imaginar un ambiente que la deja sola en un sentido profundo, que no acompaña. También es un medio que ataca, tal como lo plantea Marisa Punta Rodulfo, en donde más que poder ser hay que sobrevivir. A la falta de cuidado materno se suma que un allegado a la familia ha tenido conductas de transgresión sexual para con ella. El ambiente se torna siniestro: en vez de propiciar cuidados y seguridad, deviene peligroso. Respecto al abuso sexual, la adolescente relata su intento de convencer al agresor para evitar mayor crueldad, haciendo uso de su inteligencia y astucia. En este contexto, podemos inferir que se pone en juego algo de desubjetivación para poder subsistir.
Con el ingreso al hogar, la denuncia del abuso sexual y juicio correspondiente comienza a delinearse una mayor confiabilidad ambiental para Maitena. Un ambiente de mayor cuidado y contención. En líneas generales, ha restituido sus derechos básicos (educación, cuidados, rutinas) que no estaban garantizados. Hay dos figuras importantes (directora y vice) que le expresan su ternura y configurarían un ambiente que sostiene, haciendo holding.
Rodulfo, siguiendo las conceptualizaciones de Winnicott, plantea que el jugar es un hecho esencial de la existencia psíquica. Constituye un modo de subjetivarse, se apoya en la espontaneidad y el holding. Es necesario un ambiente que lo sostenga. Rodulfo señala la función elemental que ocupa el jugar en la constitución subjetiva de los infantes. El placer que produce el jugar se ira desplazando al resto de las actividades de la vida (trabajar, aprender, investigar, etc.). En la adolescencia hay prácticas que no son jugar en sí mismas, pero que requieren volcar algo de lo lúdico.
Del relato de Maitena podemos inferir que hay algo del jugar y del movimiento: presenta capacidad creativa y de a poco va explorando nuevos espacios. Siguiendo con la teorización de Winnicott, considero que la privación que sufrió de niña (con el fallecimiento del abuelo), aconteció en un tiempo posterior a las primeras etapas fundantes del psiquismo; lo cual habría sido favorable en cuanto a la formación del espacio potencial. Entiendo el espacio potencial como la zona entre la realidad interna y externa donde tiene lugar la experiencia cultural, juego y creatividad. Dicho autor plantea que “El espacio potencial que existe entre el bebé y la madre, entre el niño y la familia, entre el individuo y la sociedad o el mundo, depende de la experiencia que conduce a confiar. Se lo puede considerar sagrado para el individuo, en el sentido de que allí experimenta este el vivir creador”[ii].
Podríamos pensar que, ante los nuevos ofrecimientos ambientales, responde de forma creadora. Se presentaba muy entusiasmada con las propuestas escolares, que incluían disfraces o actividades lúdicas. Podía jugar a ser una chica “turra”. Si bien ella explica que las jóvenes que pertenecen a esta tribu urbana adoptan ropa deportiva de marcas como Nike, Adidas o Lacoste y presentan una estética particular en cortes de cabello, uso de gorras y aros, señala que generalmente están relacionadas con la cumbia o el reggaetón y se las considera como “chicas malas”. Toda esta presentación me evocó la imagen de su madre; a quien ella describía como una mujer que ha tenido varias parejas o encuentros con hombres, que frecuentaba fiestas, terminando frecuentemente en excesos.
Pensaba esta posibilidad lúdica de jugar a ser “turra”, porque justamente se presenta como lo opuesto a Maitena: desde su vestimenta oversize que cubre todo su cuerpo, hasta su posicionamiento en cuanto a lo evasiva que ha sido para dar cuenta de su deseo. Durante gran parte del tratamiento sostuvo que no le atraía nadie. Relata que “los chicos” le resultan un poco tontos y se ha enojado con las compañeras del hogar por transgredir normas para encontrarse con aquellos. Recién en la última entrevista dice estar interesada en Lucas y haber comenzado una relación con características predominantemente tiernas.
Respecto a los distintos personajes a los que juega, también pareciera querer remarcar aspectos infantiles llevando al colegio un oso de peluche de tamaño importante, vestida de pijama rosado, por ejemplo.
Podría pensarse que se muestra contenida, con cierta inhibición en lo que respecta a la exploración y encuentro con otro. El partenaire sexual; pareciera evocarle un peligro, seguramente al que estuvo expuesta con la vida de promiscuidad de su madre. Podría pensarse que el propio desear lo vivenciaría como amenazante.
Por otro lado, sintió temor frente al grupo de chicos que le gritaban. Podría pensarse que los calificativos despectivos versaban sobre su apariencia como mujer. Otra vez el sexo opuesto como posible agresor. El único hombre que se sitúa en su historia como protector es su abuelo.
Lo puberal tiene que ver con cambios en el cuerpo, así como también con el ir inscribiendo ese entramado psicosomático. Según G. Manrique, una de las tareas de la pubertad es reinscribir el cuerpo genitalizado. Advierte sobre el riesgo de psicopatologizar modos saludables de transitar dicha escrituración, por lo cual es importante tener presente cuales son los procesos saludables. Maitena ¿Estaría atravesando en un momento fóbico en la elaboración de su problemática adolescente? ¿Qué estereotipos de mujer se le demanda? ¿Será un modo de enfrentar el conflicto de forma saludable? Tal como plantea R. Rodulfo en la sociedad persiste un orden binario, en el cual el cuerpo de varón es sujeto de trabajo y el femenino, objeto de deseo. Esto coloca a la púber en una posición compleja expuesta a críticas y solicitaciones que encarnan cuerpos hegemónicos.
Siguiendo a Annie Birraux sobre las condiciones que hacen posible una fobia “en todos los casos, encontramos la fragilización del sentimiento de existencia, ya sea de manera crítica, de descripción de los acontecimientos, o de un estado infranqueable envolviendo al sujeto en la precariedad de la vida”[iii]. Dicha autora sostiene que la fobia suele ser transitoria en la infancia o en la adolescencia y que en general no evolucionan hacia lo psicopatológico; sino que formarían parte de un proceso de subjetivación, de movimiento en la estructuración progresiva. Plantea que no existe la adolescencia sin fobias, el reordenamiento psíquico pubertario suele venir acompañado de temores que pueden recaer en un objeto particular o sobre el entorno.
Podemos pensar en el temor de Maitena a circular por ciertos espacios, le permitiría tener un punto de clivaje en donde centrar el peligro. Ubicando el peligro afuera, en este grupo de chicos y luego específicamente al lugar donde surgió el agravio verbal. Esta teorización se separa del psicoanálisis tradicional en el que la fobia se ubica como síntoma al cual busca curar: Birraux, en cambio, plantea que el mecanismo fóbico serviría para la supervivencia psíquica, permitiendo manejar las ansiedades en momentos de gran conmoción, como suele ser el atravesamiento de esta etapa vital. La fobia estaría al servicio de una función organizativa.
La situación temida por Maitena ¿sería acaso un proceso fóbico transitorio? La Dra. Mónica Rodríguez realiza un trabajo de investigación y acuña dicho término. Esta construcción teórica hace referencia a una serie de episodios que cumplen una función específica de protección mediante miedos y/o evitaciones. Una de las características más relevantes es la transitoriedad. Una vez que remite la situación de vulnerabilidad psíquica, el proceso se desvanece. Los procesos fóbicos transitorios suelen presentarse en momentos de mejoría en los tratamientos psicoterapéuticos, acompañando procesos de elaboración psíquica. Contrariamente a un proceso mórbido, éstos serían la expresión de un proceso saludable.
En la situación presentada, en un contexto de cierta estabilidad dentro del análisis, surge angustia y el miedo irracional a pasar por el lugar. La mejoría también puede generar temor, temor a desear justamente. Este temor ocupó la atención de Maitena algunos encuentros más, pero a medida transcurrían los días, parecía disiparse o al menos haber disminuido su intensidad. Tal como transmitió la Dra. Mónica Rodríguez[iv], en los procesos fóbicos transitorios sostenidos en el espacio de intimidad con el analista, los síntomas van remitiendo.
Podríamos pensar que Maitena ¿estaría transitando otra vuelta por las fobias universales? La fobia universal como crisis transitoria. De acuerdo a Rodulfo, a esta condición de universalidad de las fobias se suma su función de constitución subjetiva. Pone énfasis en “la experiencia fóbica del mundo, la fobia como una experiencia subjetiva fundamental y fundamentante”[v]. De esta manera, corre el foco de los mecanismos de formación y objetos del síntoma. Advierte que cuando un niño no las atraviesa, seguramente en su desarrollo presentará alguna manifestación más ligada a lo patológico.
En la situación presentada, quizás la nueva configuración del propio cuerpo, las exigencias del mundo externo, podrían haber abonado el terreno para dicha manifestación. Pensemos en la historia infantil de esta joven, las cuestiones ligadas a su cuerpo y la falta de protección de su madre. Podríamos imaginar la sensación de desamparo cuando muere su abuelo, (quien ha sido un pilar fundamental en su existencia) e hipotetizar una reedición de dicha sensación de inermidad y soledad frente a los chicos que le gritan o simplemente el pasaje por dicho lugar.
Estas fobias pueden surgir como una manifestación del desamparo frente al vacío de la identidad y del futuro. A Maitena se la puede ver construyendo progresivamente una nueva identidad, lejos de la supervivencia que en otro momento tuvo que afrontar. Ha podido hacer algunas elecciones comenzando a delinear su futuro (elección de escuela y modalidad, nuevos amigos).
Por otro lado ¿Qué pasa con su deseo? Maitena va desidentificándose de lo familiar y se va acercando cada vez más al nuevo grupo de pares. Quisiera remarcar la importancia del compañero o compañera de juego para la exogamia. Maitena, junto a sus amigas, puede jugar a “ser turra”, puede jugar también a otro personaje más infantil llevando un oso de peluche a la escuela. Podríamos pensar la oscilación de su deseo entre la mujer sexuada o la niña.
Para finalizar, teniendo en cuenta que Maitena presenta un psiquismo en vías de estructuración, considero que ha sido de suma importancia el encuentro que ha tenido con otros significativos (pares, amigos, referentes adultos). Gradualmente, se la nota ocupando nuevos espacios como estudiante, amiga y, recientemente, novia. Respecto a sus decisiones, una determinación importante fue elegir su escuela, participar en el grupo solidario, así como también iniciar un proceso terapéutico. Considero que se ha apropiado de dichos espacios. Retomando las palabras de Rodulfo, la adolescencia es la última ocasión que tenemos como analistas de intervenir antes de que el psiquismo termine de consolidarse.
Sera un desafío por delante acompañarla a transitar nuevos espacios y habilitarse a ello. Sería deseable en este recorrido que la ligazón afectiva con un partenaire no solo revista componentes tiernos, sino que además pueda expresar algo de la sensualidad y erotismo; que pudieran inscribirse experiencias nuevas en torno a ello, apartándolas de aquellas desubjetivantes, invasivas y disruptivas acontecidas en otro tiempo. La tarea adolescente que tendrá por delante será religar, desligar y volver a ligar libidinalmente distintas representaciones y sucesos. Ahora tiene frente a sí una nueva configuración ambiental, al decir de Winnicott y otras posibilidades en el devenir de su subjetivación.
Lorena Markic se graduó de Lic. en Psicología en la Universidad de Buenos Aires en el 2003. Desde ese momento a la actualidad, su recorrido ha sido por instituciones públicas. Luego de recibida, permaneció dos años más en Buenos Aires, tomando cursos y formándose en el Hospital José Tiburcio Borda. La formación y supervisión se otorgaba en forma gratuita dado que como pasante trabajó ad honorem en la asistencia de pacientes y grupos terapéuticos. En 2006 regresó a su ciudad natal Villa Regina, Provincia de Río Negro y tomó cargo en el equipo técnico de la escuela especial. Allí permaneció por casi dos años hasta que concursó para la Residencia Interdisciplinaria en Salud Mental Comunitaria. Fueron tres años de la especialización (2008-2011). Luego de la residencia, le ofrecieron ocupar un cargo en una localidad cercana. Desde 2011 a 2014 trabajó en el Hospital Francisco López Lima de General Roca. En 2014 pudo concretar el traslado y desde dicha fecha a la actualidad tiene dedicación exclusiva en el hospital de su localidad, Villa Regina.
[i] Este texto es un Trabajo Final destacado, presentado en el marco de la Diplomatura Interdisciplinaria en Adolescencias – Problemáticas actuales e intervenciones clínicas.
[ii] Winnicott, D. (1980). “La Ubicación de la experiencia cultural” en Realidad y juego. Ed. Gedisa Barcelona. España.
[iii] Birraux, A. (1997). La fobia, estructura originaria del pensamiento. Francia
[iv] En su clase “Fobias patológicas y saludables en la pubertad y adolescencia“ de la presente Diplomatura.
[v] Rodulfo, R. (1992). Cap. 10 en Estudios Clínicos. Del Significante al pictograma a través de la práctica analítica. Buenos Aires. Argentina.
Bibliografía:
- Birroux, A. (1997). La fobia, estructura originaria del pensamiento. Paris. Francia.
- Franco, A. (2019). “Los Adolescentes, el amor y la sexualidad en tiempo de lo digital”. ¿Publicación?
- Franco, A.; Toporosi, S.; Brown, M. F.; Estebanez, S.; Pedersen, E.; Santi G. (2014). Subjetividad y Genitalidad en Adolescentes que han sido abusados sexualmente en la infancia. Motivaciones para una investigación y estado actual del conocimiento respecto al tema. Parte II. Hospital de Niños Ricardo Gutierrez. Facultad de Psicología. Universidad de Buenos Aires.
- Gutton, P. (1993). Lo Puberal. Capítulos 1 y 2. Paidós. Buenos Aires.
- Jornada Tandil. (2001) Los Espacios de (en) la Adolescencia. ¿Autor?
- Lado, S.; Muiña, D. “Particularidades del complejo traumático. Su presentación en el juego y su metabolización a través del jugar”. ¿Publicación?
- Manrique, G. “Impasses en el trabajo de lo puberal y sus consecuencias psicopatológicas”. (Ficha de circulación interna de la catedra de Psicopatologia Infantojuvenil). Facultad de Psicologia. Buenos Aires
- Punta Rodulfo, M. (2015). Bocetos Psicopatológicos. El psicoanálisis y los debates actuales en psicopatología. Cap 1, 7 y 8. Paidós. Buenos Aires.
- Punta Rodulfo, M. (2020) “Los trabajos del psicoanalista en la Tendencia Antisocial”. Buenos Aires. ¿Publicación?
- Marisa Punta Rodulfo. “El abuso sexual y sus formas de presentación en la infancia”. ¿Publicación?
- Rodulfo, R. (1992). Estudios Clínicos. Del significante al pictograma a través de la practica psicoanalítica. Paidós. Buenos Aires.
- Rodulfo, R. (2004). El Psicoanálisis de Nuevo. Elementos para la deconstrucción del psicoanálisis tradicional. Cap IX, XIV. Buenos Aires. Eudeba.
- Rodulfo, R. (2013). Andamios del Psicoanálisis. Buenos Aires. Paidós.
- Winnicott, D. (1980). Realidad y Juego. Ed. Gedisa. Barcelona España.
